martes, 14 de noviembre de 2017

Testículos de Jehová – "Principio de la Fuerza" (2017)

             Algo que se dice de manera recurrente, llegando al punto del cliché, es que no se debe juzgar un libro por su portada. Se menciona esto porque ya por el solo nombre que ostenta esta banda podría pensarse, sobre todo si se considera además que su género es el punk y todo lo que el prejuicio sobre eso puede conllevar, que las cosas no van muy en serio. Y más allá de que puede haber gente que considere ofensivo el nombre de la banda, cosa muy legítima aunque eso es tema de otro debate, el asunto es que para muchos eso no daría a  pensar de buenas a primeras que tras “PRINCIPIO DE LA FUERZA” pueda encontrarse lo que realmente contiene.

            Se trata del segundo disco de la agrupación, tras “TARROTERAPIA” (2014), y se trata de esas bandas con las que uno se encuentra de manera constante en tocatas, que a punta de esfuerzo y perseverancia, a veces de abrir fechas y tocar ante públicos no tan numerosos, y a no bajar los brazos han conseguido abrirse un espacio en donde la alarmante falta de recambio en los nombres llamados a tomar la posta de los cabeza de serie augura muchas veces un futuro no tan alentador. Y no por falta de buenas bandas, que las hay como esta y tantas otras, pero que muchas veces no tienen la respuesta merecida de parte de un público que por un lado exige la apertura de espacios a nuevos nombres en las redes sociales, pero al momento de la tocata solo llegan cuando aparecen esos viejos estandartes de los que dicen estar aburridos.

En el sonido del disco no hay concesiones en ningún momento. Se trata de una placa compacta y breve de punk en todas sus variantes, desde ritmos cercanos al hardcore acelerado hasta momentos ramonescos en donde el tempo se acerca más al punk rock algo más reposado, pero en donde la tónica va marcada por guitarras potentes que interactúan muy bien entre sí, una voz intensa y afilada, y temáticas recurrentes dentro del género como lo son las denuncias sociales y los llamados a remecer consciencias. Destacan “Presa fácil” en donde las guitarras suenan como motosierras sónicas y la batería parece sacada de un disco de hardccore ochentero, “Fracturas” que deja entrever el lado más marchoso de la banda, con un punk rock certero, donde la primera guitarra aporta elegancia y da el toque preciso a la pieza, o la oscura introspección de “Al vacío” que mantiene la potencia y la velocidad aunque tratando temas un poco más íntimos y reflexivos, que, guardando las proporciones, recuerda un poco a los BBS PARANOICOS del “FÁBRICAS MÁGICAS”. El disco se cierra de manera brillante con “Sácate una pilsen”, apropiada reversión de “Bonzo goes to Bitburg” de THE RAMONES, aunque con una letra más cercana a la realidad cotidiana local.


Otra extraordinaria banda que sorprende con este tremendo material, compacto, preciso, pero a la vez variado y lleno de matices. Un disco cuya escucha se recomienda encarecidamente, pero también su compra en formato físico, y la asistencia a las tocatas, no pedir pasar por menos del valor de la entrada en las mismas, no exigir que los discos tengan que ser siempre gratuitos y, en fin, que se aprecie la escena y a sus bandas. Porque con reclamar que están los mismos de siempre y cumplir el canon requerido por la corrección en redes sociales no basta. Es necesario un apoyo concreto y real. Es la única forma en que experiencias como lo es escuchar esta placa podrán seguirse dando en el tiempo.


lunes, 13 de noviembre de 2017

Sueldo Mínimo – "No voy a cambiar" (2017)

            Las bandas y los músicos tienen dos maneras de entregar su arte: a través de presentaciones en directo y registrando material. Puede parecer esto una obviedad, pero en muchos casos la balanza se inclina hacia una u otra actividad dependiendo del género puntual que se cultive, a tal punto de extremar en un sentido y descuidar en el otro. Dentro del punk rock, género que cultiva la banda SUELDO MÍNIMO, es frecuente que se realicen muchas tocatas y fechas, pero a veces se echa un poco de menos la grabación de discos. La situación es entendible considerando que el punk la tiene todavía más difícil que cualquiera que pretenda hacer música en un país sin mucha cultura y por lo mismo es que cuando se produce un registro de calidad, es un hito dentro de la historia de la banda y así ha pasado con SUELDO MÍNIMO.

            Números fijos de las Fondas Bizarras y demás tocatas del desaparecido Club San Martín en la capitalina comuna de Estación Central, podría pensarse que se trata de una banda bastante nueva, pero la verdad es que ya llevan haciendo música hace bastantes años y han registrado material previo. Sin embargo, cuando llega “NO VOY A CAMBIAR”, que vendría siendo en estricto rigor su segundo disco, queda la sensación de que la banda por fin encontró su punto algo más preciso en el sonido que quieren generar, y si bien éste adolece de algunos problemas, queda la sensación de que se encontró el punto de partida desde donde comenzar a construir un estilo propio y reconocible.

            El breve trabajo abre con una introducción, “Intro”, que si bien muestra interesantes juegos de guitarra, deja ya en claro cuáles son las principales influencias de la banda, que lo son también de buena parte del punk rock local, a saber el punk vasco y la escuela de punk rock argentino a la medida de Flema y compañía. El principal problema del disco no es que sea malo, en realidad es un excelente trabajo tanto a nivel técnico como interpretativo, pero a momentos parece quedarse demasiado cómodo en solo tributar a sus influencias, tanto en lo musical como en las temáticas de las letras, y no llevar la fórmula un poco más al extremo para crear algo auténticamente nuevo. Esto puede verse en “No queremos”, “No me importa” o “La puta policía”, que sin ser malas canciones de punk rock, quedan solo en canciones de punk rock como existen tantas otras. En directa relación a esto, los mejores momentos de la placa ocurren cuando la banda decide salirse un poco del molde y hacer algunas sutiles alteraciones al modelo del manual, sobre todo incorporando oscuridad tanto al sonido como a las letras. El resultado del ejercicio son interesantes piezas de punk rock pero con unas gotas más de mala actitud y pesadez, como sucede en “HxC” y sobre todo en “HDP”, una extraordinaria canción con quiebres y un mensaje entregado de una manera brillante, la  más larga del material y por lejos la mejor de la placa.

           Otro intento sincero de una banda de un género que se tomó el camino largo porque el rechazo mediático es prácticamente uniforme y conteste, y que tomó vuelo y se atrevió a dar el salto de registrar un material de manera seria y profesional, algo que sin duda marca un antes y un después en la trayectoria de un músico. Puede que hasta la misma gente de SUELDO MÍNIMO ni siquiera esté muy al tanto del peldaño que han subido, están más ocupados haciendo música, y llevándole un poco la contra al título del propio material, llegado este punto sí van a cambiar porque ya pueden decir que llevan un disco propiamente tal bajo el brazo, con identidad propia y como un extraordinario punto de partida hacia mejores cosas. Solo depende de ellos atreverse a hacerlo, pero luego de la escucha de “NO VOY A CAMBIAR”, el panorama es alentador. 


           

lunes, 19 de junio de 2017

Obssesion – "Armageddon" (2017)

       “Menos es más” es un expresión acuñada por Ludwig Mies van der Rohe, arquitecto alemán, representante de la escuela Bauhaus. Y si bien su sentido se aplica de manera más que patente a la corriente arquitectónica, puede también hacerse en muchos otros ámbitos y la música no es excepción. Prueba de ello es “ARMAGEDDON”, el más reciente trabajo de la banda OBSESSION, oriunda de Copiapó, lanzado a principios de 2017 y que si bien cultiva un género asociado a cierta complejidad técnica como es el metal, consiguen una identidad sonora y ofrecen un producto de buena factura apelando a la simpleza y la crudeza más que a la elaboración excesiva.

       El trabajo está integrado por ocho canciones y desde la primera, “Armageddon”, la fórmula queda clara. Se trata de un metal bastante clásico en términos de su ubicación en el marco de los subgéneros, con guitarras pesadas, baterías machacantes y ritmos acelerados, matizados por quiebres de batería y secciones más arrastradas. El parentesco con el punk a momentos resulta evidente y hace recordar, con cierta nostalgia incluso, jornadas en los últimos años de la dictadura en que punks, metaleros y demás excluidos debían compartir espacio porque de otra forma no era posible. Se desconoce si aquello habrá sido una idea preconcebida por parte de la banda al crear su sonido, pero sin duda le da un toque clásico que tiñe todo el material.

       “Bastardo” es la mejor canción del disco y resulta la muestra más patente de lo que propone la banda. Hay ritmos marchosos y cercanos al punk rock, quiebres, cambios de velocidad y un solo de guitarra que sin ser ostentoso, recoge de manera más que apropiada el espíritu ochentero y clásico en el que se enmarca el sonido de OBSESSION. “Ello… Mi pesadilla eterna” también es interesante, siendo una pieza pesada y lenta, intercalando pasajes oscuros y más acústicos con estallidos de distorsión y rabia. También destacan “Batallar hasta el fin” y “Purgatorio Interior”, que cierra la placa con sobre seis minutos de guitarras rugientes, baterías que oscilan entre el furor y la languidez y tantos otros solos de guitarra bien ejecutados, pero con ese filo callejero que hace que suenen más creíbles que cualquier otro salido de una escuela de música. El único punto bajo del disco está en la voz principal, que si bien no suena mal, podría trabajarse un poco más para obtener registros algo más expresivos, y las letras, que a menudo resultan más ambiguas que enigmáticas y a momentos no están a la altura del trabajo instrumental, aunque, al igual que con la voz, son todos temas subsanables y en caso alguno le restan calidad al trabajo.

       Muchas veces las bandas se complican por no ser capaces de encontrar un sonido que les identifique, y así pueden pasar horas en discusiones bizantinas sobre qué poner, dónde y cómo. Sin embargo, en muchos casos la respuesta puede estar en tomar la dirección precisamente opuesta y simplificar las cosas, llevándolas al origen del concepto y así obtener un material más cargado de sangre, entrañas y alma, algo que siempre será mejor que sobreproducciones en donde al final entre tantas capas, detalles y elementos, cualquier idea medianamente original queda sepultada de manera irremisible. La gente de OBSESSION entendió eso a la perfección y así pasa a engrosar la lista de ejemplos en que la frase del arquitecto alemán cobra un absoluto sentido. El mérito está en que parece fácil, pero no lo es en realidad.

Link de descarga gratuita del disco.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Valium – “Nuestro Lugar” (2015)

       Por desgracia, en el mundo actual, cuajado de situaciones en que la corrupción coloca en ventaja posicional a personajes que no tienen ninguna vergüenza en hacer lo que sea para asegurar su situación de poder, el trabajo duro no siempre garantiza éxito y buenos resultados. Sin embargo, en muchos casos ayuda, sobre todo si va de la mano de honestidad y dedicación. Es eso lo que podría decirse de VALIUM, una de las bandas que se ha erigido como punto visible dentro de la escena de hardcore punk melódico en el medio local y que, sin duda, ha tenido un devenir movido y gratificante en el último tiempo. Este 2016 formaron parte del prestigioso festival Rockout, que los llevó a compartir escena con bandas de la talla de The Offspring y Dead Kennedys, formaron parte del memorable tributo a BBS Paranoicos titulado “PARANOIA COLECTIVA” y el año recién pasado editaron “NUESTRO LUGAR”, placa que viene a ser la sucesora de su anterior trabajo, “INDESCENTE” (2012), en donde sin perder la senda, demuestran que todo lo que han conseguido no es sino producto de dejarse las manos tocando para así conseguir el sonido que ostentan.

       Se trata de un disco rápido y breve, apenas supera los veinticinco minutos, acelerado, como ir sobre un skate, y que en catorce canciones deja claros los pergaminos de una banda que ya ha encontrado la manera en que quiere sonar, lo que se percibe claramente por la seguridad con que eso empapa el material. Los fuegos se abren con “Brazos Cruzados”, una pieza memorable y potente, con un apropiado mensaje que llama a no quedarse estancado en la apatía, aunque siempre con esa altura de miras de quien sabe que el fracaso siempre es una opción, algo que da la escuela de hacer punk rock en los tiempos actuales, con todo lo que eso implica. Desde ahí, el disco fluye con un sonido natural y afiatado, en donde las influencias se perciben claramente, desde Millencolin hasta Bad Religion con escala en NOFX, aunque tampoco se percibe que se trate de una copia o imitación, algo bastante frecuente en géneros musicales de esta naturaleza.

       Puntos altos hay varios. Destaca el cariño a la actividad de la que versa la canción en “En Movimiento”, la rabia que destila “Enemigos”, la particular cadencia y ritmo de la pieza que le da título al disco, la potencia del single promocional de la placa “Una vez más” y “Pixelado”, la canción más larga y compleja de la placa, un manifiesto de la postura de la banda que ya no tiene ese temor a salir de la zona de confort y por tanto atreverse a hacer cosas nuevas. Con diferentes ritmos, quiebres, un interesantísimo trabajo en el bajo y una letra inteligente, es un extraordinario fresco de qué es lo que Valium está haciendo en la actualidad. Si bien no es una canción perfecta, hay algunos detalles de afinación en las voces y las armonías entre estas, es una apuesta que en su mayor parte rinde frutos y solo aumenta las credenciales de la banda, demostrando de paso que punk no es sinónimo ni de mediocridad ni de música monótona o toda igual, llevando su fórmula a nuevas tesituras que siempre son agradecidas.

       Se decía que en los tiempos actuales, en que la corrupción hace que muchos que no lo merezcan estén en situaciones de privilegio, el solo partirse el lomo trabajando no es garantía de nada. Sin embargo, el talento y las ganas, unidas a la perseverancia y el nunca bajar los brazos, de cuando en cuando hacen que la justicia mire hacia donde no suele hacerlo y premie el esfuerzo honesto, como sucede con el caso de VALIUM. Probablemente todavía falte mucho para la consagración definitiva, si es que eso acaso ocurre considerando una escena con un público integrado por una no despreciable cantidad de gente bruta que por distintas razones cree que la música no puede ser un trabajo y que los músicos no merece retribución alguna, por lo mismo, puede que la banda ni siquiera esté esperando que eso ocurra, pero lo que se percibe en “NUESTRO LUGAR” VALIUM es una banda que ya no toca solo por diversión. Puede que los músicos se sigan divirtiendo, ojalá nunca dejen de hacerlo, pero ya no suena a que sea un simple juego. “NUESTRO LUGAR” va en serio. Tal vez eso explique todo lo que han conseguido este año. Ojalá vayan por más.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Varios artistas - "Paranoia Colectiva" (2016)

       Una manera efectiva de apreciar el influjo de un artista es analizar la manera en que su obra no solo es repasada sino que reversionada. Esto es particularmente efectivo en la música, en donde mientras más gente en garajes, pubs, salas de clase y habitaciones colmadas de posters interpreta sus canciones, mayor peso específico puede decirse que tiene tal banda o artista. Sin embargo, si junto a este inorgánico homenaje hecho por fans y seguidores, viene además el ejercicio de la mano de colegas de oficio, se está ante alguien que ha logrado trascender de una manera distinta, especial, no tan frecuente de ver y que por tanto merece atención particular. Es el caso, por cierto, de BBS PARANOICOS, banda que conmemora nada menos que veinticinco años de trayectoria, que con los años se ha erigido como uno de los tres cabezas de serie de la escena punk local, junto a FISKALES AD-HOK y LOS MISERABLES, y que suena más afiatada y certera que nunca. Prueba de ello es su más reciente material de estudio, “CRUCES” (2014), y su influencia queda más que patente en este extenso homenaje de nada menos que veintiséis bandas de distintas nacionalidades que rinden tributo a la carrera de lo que a estas alturas es una verdadera institución no solo dentro del punk sino que del rock local.

       Las canciones que integran la placa pueden dividirse en dos grandes grupos. Por un lado están los artistas que cultivan un género musical más cercano a lo que plantea BBS PARANOICOS y por ahí no hay grandes sorpresas, aunque eso no quiere decir que no haya puntos altos y momentos memorables. Junto a nombres esperables como los mismos FISKALES AD-HOK, que se encargan del himno “Mentira”, y MACHUCA, que aporta con “El Regreso”, destaca gente como SIN PERDÓN con una sentida versión de “Como una sombra”, VALIUM con una energética propuesta para “Imperfecto”, SHAILA que se inscribe con un clásico como “La Rabia” y los siempre brillantes JUGUETENFERMO con una deconstrucción en que dejan a su propia medida un clásico como “Tan lejos”. Sin embargo, es en el aporte de artistas que si bien cultivan el punk y los géneros afines, no suenan como BBS PARANOICOS en donde puede encontrarse lo que se erige como el real propósito de este trabajo: probar que la música de la banda excede a sus propios límites. Desde ahí, escuchar a CURASBÚN reinventando “Tanto insistir” desde el street punk es una bocanada de aire fresco y un acierto. En el mismo sentido, el festivo ska de PATOCARLOS redefiniendo el sentido de “Cambia el tiempo” o incluso la gente de NUCLEAR, uno de los estandartes de thrash metal local, acelerando aún más algo como “Libertad condicionada” son cosas que sorprenden de grata manera y hacen que un homenaje que podía haber sido un predecible compendio de nombres y versiones esperables se transforme en el tremendo testimonio que es “PARANOIA COLECTIVA”.

       Conteste con la idea anterior, es en el otro grupo de artistas participantes donde pueden encontrarse los puntos que más resaltan en el disco: aquellos músicos que no solo no cultivan el género musical de BBS PARANOICOS, sino que incluso se dedican a algo completamente distinto. Sorprende así escuchar a SINERGIA participando con una canción tan icónica como “Ausencia” y que a la vez no deja de sonar como una canción de SINERGIA. En el mismo sentido, grato es encontrarse a gente como PANCHO FOLK con una sentida versión de “Conservé la calma” embellecida con su característico timbre vocal y su rasgueo rabioso, a MARTÍN POBLETE con una elegante propuesta para “Calla y espera” que recuerda a la banda sonora del mejor spaghetti western o el rock oscuro y arrastrado de 9 CÍRCULOS que aporta una nueva vuelta de tuerca para “Piensa en algo”. Es en estas interpretaciones, cada una construida desde el género musical y la particular visión de cada participante, que se confirma la idea antes esbozada. Las canciones que a lo largo de los años BBS PARANOICOS ha colocado en el inconsciente colectivo son piezas que exceden a su propia existencia, que han influido en mucha más gente que la que va a regularmente a sus tocatas y que por lo mismo pueden ser vistas de una multiplicidad de ángulos y texturas. Aquello no es sino coherente con la postura misma de BBS PARANOICOS que desde siempre ha abogado por una apertura mental en términos musicales, por no cerrarse solo a ciertos estilos y por permearse de la mayor cantidad de influencias y estímulos desde distintas instancias, para así enriquecer la paleta sonora y hacer más y mejor música. Icónico de lo anterior es que uno de los mejores cortes del disco, la versión en clave de indie pop discotequero que hace la banda NUEVA ALBA de la canción “Domingo”, sea a la vez la que más ruido ha generado en cierto grupo de gente que insiste en que solo escucha a BBS PARANOICOS hasta determinado disco, refiriéndose a lo que la banda hizo después en epítetos que no vale la pena mencionar. No hay mejor manera de probar un punto que dejando de manifiesto a grupos obtusos de mente. No se trata de cuestionar el gusto de nadie, todo pasa por la actitud que se tiene ante lo que no gusta, muchas veces simplemente porque no se conoce.

       Un trabajo sólido, macizo, variopinto y muy bien equilibrado, de excelente calidad en la producción y con el que se dejan varias cosas claras, “PARANOIA COLECTIVA” se erige como un merecido homenaje a unos viejos estandartes que estaban para esto y mucho más. Tal vez como único punto flaco pueda mencionarse que se echaron de menos algunos nombres y otros que sí estuvieron presentes tal vez no estuvieron tan a la altura de las circunstancias, pero sin duda que la placa será un objeto que envejecerá bien y que marca un antes y un después en la carrera de esta longeva banda como lo es BBS PARANOICOS. Cuando ya se reciben este tipo de homenajes se pasa a estar en una categoría distinta. Es algo que suele ocurrirle a bandas legendarias, muchas veces integradas por personajes que ya no están. Pero eso es lo mejor de esta historia: sin perjuicio de que estén en esa otra categoría, todo indica que además hay BBS PARANOICOS para rato.

domingo, 17 de julio de 2016

Ives Gullé – “Húsar” (2011)

       Se insiste con la idea de que los trabajos mediáticos no siempre son sinónimo de calidad. Muchas veces en lo mediático incide la influencia de los sellos editoriales, el peso específico que ya tenga el artista o la llegada que pueda tener con dichos medios. Pero también un factor determinante obedece al género musical del que se trate. Y en eso, si bien puede notarse menos al haber un cúmulo importante de medios especializados en la materia, por estos lados el metal todavía sigue estando dentro de los estilos marginados. Aquello es algo que no se justifica, pero en este caso tampoco se entiende. Primero, porque no debiese existir tal discriminación hacia ningún artista, pero tampoco se logra dimensionar cómo podría haber falta de interés en medios por un trabajo que no solo se erige como la primera ópera metal realizada en Chile, sino que además se trate de una épica protagonizada por personajes como Manuel Rodríguez, el Húsar de la Muerte, Mariano Osorio y Casimiro Marcó del Pont, líderes realistas en la colonia, Bernardo O´Higgins, el llamado padre de la patria, José Miguel Carrera, José de San Martín y otros que no se habían visto en una obra vinculada al rock. La singularidad del producto al menos debiese haber llamado la atención.

       La mente maestra detrás de la obra es Ives Gullé, músico chileno conocido por su trabajo vocal en Gardenbitch y por su memorable rol de Judas Iscariote en ediciones pasadas del montaje Jesucristo Metalstar, que estuvo trabajando cerca de diez años en la realización del proyecto que, finalmente, pudo llevarse a cabo y materializarse en su registro recién el año 2011, con el apoyo de varios nombres de peso de la escena metal local, siendo así la pieza, además, una buena muestra de lo que los músicos del género son capaces de mostrar. La calidad del producto final deja de manifiesto todo lo anteriormente señalado: se trata de una obra narrativamente muy bien construida y con un desarrollo e interpretación musical impecable, que nada tiene que enviarle a los grandes nombres del metal a nivel mundial ni a trabajos de corte operático de similares características, erigiéndose de esa manera como una pieza singular no solo del metal sino que de la música local, marcando así un precedente que abre caminos en terrenos no explorados con anterioridad.

       Como se señalaba, la obra narra una historia muy intensa que podría llamarse algo así como “la pasión de Manuel Rodríguez”, un personaje importantísimo en la historia de Chile que en cierta forma ha sido considerado de manera secundaria frente a la hegemonía del legado de Bernardo O´Higgins, y que no solo por su encomiable coraje sino que también por decisiones de otros partícipes e incluso el acaso, tuvo que enfrentarse a circunstancias terribles y a un aciago final. Es precisamente en este punto, ya desde el inicio del disco, que luego de la introducción instrumental “Retirada” representando el momento posterior a la batalla de Rancagua, abre con “Condena”, en que puede verse el principal aporte artístico de la placa: lejos de un discurso patriotero, chauvinista o trillado, a la medida de lo que se viene escuchando sin chistar y hace demasiados años desde los más tempranos años de la educación escolar, lo que se propone es plasmar un relato muy humano, en donde no hay héroes impolutos ni villanos execrables, ahondando en una multiplicidad de temáticas y subtramas muchas veces ignoradas en la historia oficial con el fin de higienizar la imagen de los involucrados. De este modo, puede verse la gestación del contraataque criollo gestado en Argentina, “Ejército Libertador”, pero lejos de la idealizada hermandad, se plasma con claridad la inmensa distancia y los irreconciliables conflictos entre, por un lado, Rodríguez y Carrera, y por el otro Bernardo O´Higgins, quien ya se mostraba como un personaje autoritario e inseguro, en parte por su condición de “guacho”, y que amenazaba con hacer fusilar a quien se pusiera en su camino. De hecho, el desarrollo de este personaje, el más idealizado de la historia local, es el que recibe el tratamiento más interesante: desde el influjo que tiene en él la Logia de Lautaro al momento de tomar decisiones, “Logia”, hasta sus preocupaciones respecto al legado que pretende dejar con su obra, pasando por el respeto que a contrapelo siente por Manuel Rodríguez e incluso lo sanguinario de su propia naturaleza, cosa que le recuerda el mismísimo Wekufe en medio de una cruenta batalla, “Guerra”, se presenta a un personaje profundo, con matices muchas veces contradictorios y que choca con la irreal visión que se ha exhibido del mismo en la historia. Es esa otra gran virtud del libreto: además de subvertir la historia oficial, también busca hacerla más creíble gracias a personajes humanizados y con inseguridades, defectos y contradicciones, llegando en esto incluso a transgredir la noción misma del héroe. En la que se erige como una de las mejores canciones del trabajo, “Héroe”, entre otros personajes que se manifiestan, puede verse, por un lado, a Manuel Rodríguez, lejos de la imagen romántica del guerrillero, muerto de frío, tratando de hacer fuego, asustado y llorando a sus muertos, y por el otro a Casimiro Marcó del Pont, gobernador realista, cuestionándose si valió la pena venir al fin del mundo buscando una gloria que al parecer nunca existió. Ambos personajes se emparentan al cuestionar los respetivos roles que fueron llamados a desempeñar en la historia, haciendo ver aquello más como una maldición que como un privilegio. Es ahí donde está la gran virtud del “Húsar” de Ives Gullé: no hay buenos ni malos, no hay generales ostentado laureles de victoria ni villanos derrotados. No hay en verdad amor por la patria ni la corona. Es solo un grupo de personas que fueron llamadas a protagonizar uno de los acontecimientos que determinó el devenir de la historia local, todavía peor, por un precio que nadie les preguntó si querían pagar. O como dice la canción en versos del mismo Marcó del Pont, “sin importar raza, clase o sangre, todos han muerto por sus ideales, nos llamaran héroes o tal vez mártir. ¿Pasado, historia o leyenda?”.

       Sin duda, “Húsar” de Ives Gullé será una obra que envejecerá bien. No solo por ser un tremendo trabajo de rock, excelentemente desarrollado y compuesto, particularmente bien ejecutado, tanto musical como vocalmente, particularmente acertada la elección de las voces para cada personaje, y que innova tanto en la temática para una ópera metal, como por la forma en que trata un capítulo de la historia de Chile, sin discursos baratos y libre de toda la mitología construida en torno al concepto de héroe patrio, sino también porque es un disco sincero, auténtico, visceral a momentos, cargado de nervio y sangre, casi como queriendo recoger los reales sentimientos que doscientos años atrás seres de carne y hueso que se vieron involucrados en estos acontecimientos se vieron forzados a experimentar. Solo el tener una visión dinámica de la historia permite a los pueblos tener una mejor consciencia de su origen, evitar anquilosamientos y así prevenir la repetición de errores. Si un importante paso en ello se pudo dar desde la música, este es un trabajo cuya relevancia solo recién está comenzando a destilarse.

sábado, 9 de julio de 2016

Lady Princesa – “Hora Punta”, “Marichiweu” (2015)

       Una de las razones que motivó la creación de este espacio de reseñas fue la rabia de ver que muchas veces la calidad músical pasa desapercibida bajo el radar del conocimiento público, simplemente por un tema de difusión. Es algo manifiestamente injusto y quedarse en la simple excusa de que en todos lados es así no resulta suficiente. Partiendo porque eso no es cierto: en otros sitios, con mayor desarrollo cultural a nivel global, incluso las escenas más under tienen un cúmulo de medios que se encargan de reseñar y comentar el material producido. Debido a que por estos lados eso no sucede, hay bandas que son invisibilizadas y se produce el correlativo desperdicio de talento. Ejemplo patente de ello es LADY PRINCESA, que con apenas dos canciones que remitieron, dejan de manifiesto una gran propuesta musical. Ahora, lo alarmante es que es una banda como tantas otras que tampoco se conocen y la particularidad que los destaca es que simplemente enviaron su material para reseña.

       Una inteligente combinación de punk rock con las facetas más duras del hardcore, particularmente presente en el fraseo de la voz cantante, es lo que ofrece esta novel agrupación santiaguina que en solo dos canciones ya consigue hacer gala de un sonido bien afiatado, correctamente ejecutado y con un cierto sello autoral que hace que su trabajo, si bien breve, resulte agradable de escuchar y, a la vez, sea una invitación a conocer más.

       "Hora Punta” resulta particularmente interesante porque comienza aceleradísima y cargada de energía, con interesantes juegos de guitarra sutilmente disonantes, pero de pronto se produce un agradable quiebre que vuelve al tema algo más pesado y marchoso, lo que coincide con el apropiado coro, antes de retomar velocidad hacia el final. Son precisamente aquellos cambios de ritmo los que enriquecen y si son utilizados de manera apropiada, pueden hacer que la canción más breve y sencilla cobre originalidad y riqueza. “Marichiweu” en su inicio suena algo más apegada al manual del punk rock, con un bajo rabioso y regurgitante, al que se le unen las guitarras y la batería machacante, pero al igual que en la otra canción, nada más avanzar se producen los quiebres tan típicos del hardcore, derramándose la interpretación en un coro potentísimo, seguido de un funcional solo de guitarra para retornar al clímax de reivindicación de pueblo originario. El tema se marcha con un prolongado acople que cierra una pieza memorable, con pasta de sencillo promocional y con un sonido por partes iguales radical como radial.

       Siempre va a decirse que en los grandes medios están los mejores artistas, aunque todo el mundo sabe que eso no es así. Y está bien, por la razón que sea, si un músico o un artista llegó a las grandes ligas, no cabe más que alegrarse por él, jamás iniciar habladurías o desearle mal porque ello ni aporta en nada a nadie ni mejora la situación del resto tampoco. Sin embargo, sí puede hacérsele la crítica a los medios, y no solo a los grandes sino también a los medianos  y a los chicos, que andan todos tras esos mismos artistas y no se preocupan por mirar a otros lados. No hay que escarbar demasiado. Gente talentosa y trabajando, componiendo, tocando, escribiendo, filmando, fotografiando, pintando, hay por todos lados. Ni siquiera hay que buscar. Solo hay que crear las instancias para mostrar aquel trabajo y difundirlo. Nada más. En los tiempos actuales y con la tecnología jugando a favor hasta se ve como algo simple. Y de hecho lo es, pero es igualmente necesario: solo así se podrá comenzar a evitar que buenas bandas como estas se sigan desperdiciando.