domingo, 17 de julio de 2016

Ives Gullé – “Húsar” (2011)

       Se insiste con la idea de que los trabajos mediáticos no siempre son sinónimo de calidad. Muchas veces en lo mediático incide la influencia de los sellos editoriales, el peso específico que ya tenga el artista o la llegada que pueda tener con dichos medios. Pero también un factor determinante obedece al género musical del que se trate. Y en eso, si bien puede notarse menos al haber un cúmulo importante de medios especializados en la materia, por estos lados el metal todavía sigue estando dentro de los estilos marginados. Aquello es algo que no se justifica, pero en este caso tampoco se entiende. Primero, porque no debiese existir tal discriminación hacia ningún artista, pero tampoco se logra dimensionar cómo podría haber falta de interés en medios por un trabajo que no solo se erige como la primera ópera metal realizada en Chile, sino que además se trate de una épica protagonizada por personajes como Manuel Rodríguez, el Húsar de la Muerte, Mariano Osorio y Casimiro Marcó del Pont, líderes realistas en la colonia, Bernardo O´Higgins, el llamado padre de la patria, José Miguel Carrera, José de San Martín y otros que no se habían visto en una obra vinculada al rock. La singularidad del producto al menos debiese haber llamado la atención.

       La mente maestra detrás de la obra es Ives Gullé, músico chileno conocido por su trabajo vocal en Gardenbitch y por su memorable rol de Judas Iscariote en ediciones pasadas del montaje Jesucristo Metalstar, que estuvo trabajando cerca de diez años en la realización del proyecto que, finalmente, pudo llevarse a cabo y materializarse en su registro recién el año 2011, con el apoyo de varios nombres de peso de la escena metal local, siendo así la pieza, además, una buena muestra de lo que los músicos del género son capaces de mostrar. La calidad del producto final deja de manifiesto todo lo anteriormente señalado: se trata de una obra narrativamente muy bien construida y con un desarrollo e interpretación musical impecable, que nada tiene que enviarle a los grandes nombres del metal a nivel mundial ni a trabajos de corte operático de similares características, erigiéndose de esa manera como una pieza singular no solo del metal sino que de la música local, marcando así un precedente que abre caminos en terrenos no explorados con anterioridad.

       Como se señalaba, la obra narra una historia muy intensa que podría llamarse algo así como “la pasión de Manuel Rodríguez”, un personaje importantísimo en la historia de Chile que en cierta forma ha sido considerado de manera secundaria frente a la hegemonía del legado de Bernardo O´Higgins, y que no solo por su encomiable coraje sino que también por decisiones de otros partícipes e incluso el acaso, tuvo que enfrentarse a circunstancias terribles y a un aciago final. Es precisamente en este punto, ya desde el inicio del disco, que luego de la introducción instrumental “Retirada” representando el momento posterior a la batalla de Rancagua, abre con “Condena”, en que puede verse el principal aporte artístico de la placa: lejos de un discurso patriotero, chauvinista o trillado, a la medida de lo que se viene escuchando sin chistar y hace demasiados años desde los más tempranos años de la educación escolar, lo que se propone es plasmar un relato muy humano, en donde no hay héroes impolutos ni villanos execrables, ahondando en una multiplicidad de temáticas y subtramas muchas veces ignoradas en la historia oficial con el fin de higienizar la imagen de los involucrados. De este modo, puede verse la gestación del contraataque criollo gestado en Argentina, “Ejército Libertador”, pero lejos de la idealizada hermandad, se plasma con claridad la inmensa distancia y los irreconciliables conflictos entre, por un lado, Rodríguez y Carrera, y por el otro Bernardo O´Higgins, quien ya se mostraba como un personaje autoritario e inseguro, en parte por su condición de “guacho”, y que amenazaba con hacer fusilar a quien se pusiera en su camino. De hecho, el desarrollo de este personaje, el más idealizado de la historia local, es el que recibe el tratamiento más interesante: desde el influjo que tiene en él la Logia de Lautaro al momento de tomar decisiones, “Logia”, hasta sus preocupaciones respecto al legado que pretende dejar con su obra, pasando por el respeto que a contrapelo siente por Manuel Rodríguez e incluso lo sanguinario de su propia naturaleza, cosa que le recuerda el mismísimo Wekufe en medio de una cruenta batalla, “Guerra”, se presenta a un personaje profundo, con matices muchas veces contradictorios y que choca con la irreal visión que se ha exhibido del mismo en la historia. Es esa otra gran virtud del libreto: además de subvertir la historia oficial, también busca hacerla más creíble gracias a personajes humanizados y con inseguridades, defectos y contradicciones, llegando en esto incluso a transgredir la noción misma del héroe. En la que se erige como una de las mejores canciones del trabajo, “Héroe”, entre otros personajes que se manifiestan, puede verse, por un lado, a Manuel Rodríguez, lejos de la imagen romántica del guerrillero, muerto de frío, tratando de hacer fuego, asustado y llorando a sus muertos, y por el otro a Casimiro Marcó del Pont, gobernador realista, cuestionándose si valió la pena venir al fin del mundo buscando una gloria que al parecer nunca existió. Ambos personajes se emparentan al cuestionar los respetivos roles que fueron llamados a desempeñar en la historia, haciendo ver aquello más como una maldición que como un privilegio. Es ahí donde está la gran virtud del “Húsar” de Ives Gullé: no hay buenos ni malos, no hay generales ostentado laureles de victoria ni villanos derrotados. No hay en verdad amor por la patria ni la corona. Es solo un grupo de personas que fueron llamadas a protagonizar uno de los acontecimientos que determinó el devenir de la historia local, todavía peor, por un precio que nadie les preguntó si querían pagar. O como dice la canción en versos del mismo Marcó del Pont, “sin importar raza, clase o sangre, todos han muerto por sus ideales, nos llamaran héroes o tal vez mártir. ¿Pasado, historia o leyenda?”.

       Sin duda, “Húsar” de Ives Gullé será una obra que envejecerá bien. No solo por ser un tremendo trabajo de rock, excelentemente desarrollado y compuesto, particularmente bien ejecutado, tanto musical como vocalmente, particularmente acertada la elección de las voces para cada personaje, y que innova tanto en la temática para una ópera metal, como por la forma en que trata un capítulo de la historia de Chile, sin discursos baratos y libre de toda la mitología construida en torno al concepto de héroe patrio, sino también porque es un disco sincero, auténtico, visceral a momentos, cargado de nervio y sangre, casi como queriendo recoger los reales sentimientos que doscientos años atrás seres de carne y hueso que se vieron involucrados en estos acontecimientos se vieron forzados a experimentar. Solo el tener una visión dinámica de la historia permite a los pueblos tener una mejor consciencia de su origen, evitar anquilosamientos y así prevenir la repetición de errores. Si un importante paso en ello se pudo dar desde la música, este es un trabajo cuya relevancia solo recién está comenzando a destilarse.

sábado, 9 de julio de 2016

Lady Princesa – “Hora Punta”, “Marichiweu” (2015)

       Una de las razones que motivó la creación de este espacio de reseñas fue la rabia de ver que muchas veces la calidad músical pasa desapercibida bajo el radar del conocimiento público, simplemente por un tema de difusión. Es algo manifiestamente injusto y quedarse en la simple excusa de que en todos lados es así no resulta suficiente. Partiendo porque eso no es cierto: en otros sitios, con mayor desarrollo cultural a nivel global, incluso las escenas más under tienen un cúmulo de medios que se encargan de reseñar y comentar el material producido. Debido a que por estos lados eso no sucede, hay bandas que son invisibilizadas y se produce el correlativo desperdicio de talento. Ejemplo patente de ello es LADY PRINCESA, que con apenas dos canciones que remitieron, dejan de manifiesto una gran propuesta musical. Ahora, lo alarmante es que es una banda como tantas otras que tampoco se conocen y la particularidad que los destaca es que simplemente enviaron su material para reseña.

       Una inteligente combinación de punk rock con las facetas más duras del hardcore, particularmente presente en el fraseo de la voz cantante, es lo que ofrece esta novel agrupación santiaguina que en solo dos canciones ya consigue hacer gala de un sonido bien afiatado, correctamente ejecutado y con un cierto sello autoral que hace que su trabajo, si bien breve, resulte agradable de escuchar y, a la vez, sea una invitación a conocer más.

       "Hora Punta” resulta particularmente interesante porque comienza aceleradísima y cargada de energía, con interesantes juegos de guitarra sutilmente disonantes, pero de pronto se produce un agradable quiebre que vuelve al tema algo más pesado y marchoso, lo que coincide con el apropiado coro, antes de retomar velocidad hacia el final. Son precisamente aquellos cambios de ritmo los que enriquecen y si son utilizados de manera apropiada, pueden hacer que la canción más breve y sencilla cobre originalidad y riqueza. “Marichiweu” en su inicio suena algo más apegada al manual del punk rock, con un bajo rabioso y regurgitante, al que se le unen las guitarras y la batería machacante, pero al igual que en la otra canción, nada más avanzar se producen los quiebres tan típicos del hardcore, derramándose la interpretación en un coro potentísimo, seguido de un funcional solo de guitarra para retornar al clímax de reivindicación de pueblo originario. El tema se marcha con un prolongado acople que cierra una pieza memorable, con pasta de sencillo promocional y con un sonido por partes iguales radical como radial.

       Siempre va a decirse que en los grandes medios están los mejores artistas, aunque todo el mundo sabe que eso no es así. Y está bien, por la razón que sea, si un músico o un artista llegó a las grandes ligas, no cabe más que alegrarse por él, jamás iniciar habladurías o desearle mal porque ello ni aporta en nada a nadie ni mejora la situación del resto tampoco. Sin embargo, sí puede hacérsele la crítica a los medios, y no solo a los grandes sino también a los medianos  y a los chicos, que andan todos tras esos mismos artistas y no se preocupan por mirar a otros lados. No hay que escarbar demasiado. Gente talentosa y trabajando, componiendo, tocando, escribiendo, filmando, fotografiando, pintando, hay por todos lados. Ni siquiera hay que buscar. Solo hay que crear las instancias para mostrar aquel trabajo y difundirlo. Nada más. En los tiempos actuales y con la tecnología jugando a favor hasta se ve como algo simple. Y de hecho lo es, pero es igualmente necesario: solo así se podrá comenzar a evitar que buenas bandas como estas se sigan desperdiciando.

viernes, 8 de julio de 2016

Curasbún – Inmortales (2016)

       El transcurso del tiempo en una banda puede tener múltiples efectos. Sin embargo, dos que son bastante recurrentes son, a saber, o la iteración de la idea que en algún momento le trajo éxito hasta el fin de los tiempos, o el siempre estar tratando de reinventarse, en una interminable búsqueda de la definición sublime del propio sonido que, usualmente, nunca es encontrado. Sin embargo, hay casos en que no se hace ni lo uno ni lo otro. O se hacen ambas cosas a la vez. Es lo sucedido con los locales de CURASBÚN, un nombre de cierta entidad hace ya bastante tiempo dentro de los circuitos street punk y skin antifa que con solo con dos discos bajo oficiales bajo el brazo, “OI DESDE EL TERCER MUNDO” (2002) y “UN SOLO CREW” (2005), ha sabido forjarse un nombre en la escena, que al parecer no tienen la menor intención en reverdecer ni entregar lo que cualquiera hubiese estado esperando de su muy anunciado y anhelado por muchos nuevo trabajo, “INMORTALES”: es un disco que no se parece en mucho a los registros anteriores de la banda ni tampoco suena como la misma, aunque cuidado, eso no necesariamente ha de tener que ver con la calidad musical del trabajo.

       Naturalmente, sí hay elementos comunes que iban a estar presentes, y es que, al ser punk rock duro, se trata de algo punzante y preciso, en donde en apenas treinta y tres minutos se condensa un puñado de canciones breves, directas y bien armadas, aunque superando la estructura clásica de la canción OI, presente en los trabajos anteriores de la banda, y optando esta vez por caminos diferentes. La placa abre con “La ofensiva no te olvida”, una canción que si bien suena algo más emparentada al sonido OI de la banda, con una convicción política marcada, elemento presente en todo el disco, tanto por su progresión como por la manera en que está armada y ejecutada, da a entender desde aquel primer momento que CURASBÚN se aburrió de ser CURASBÚN. Lo bueno es que optaron por ser ahora el CURASBÚN de 2016 y el cambio les vino de perillas. Porque tan solo en la siguiente canción, “Inmortales”, puede apreciarse el “nuevo” sonido propuesto por la banda, presente también en piezas como “No Nominado”, “Barajas”, “Ramiro” y “Nueva Era”, reversión de la banda británica BLITZ y con la colaboración de Álvaro España de FISKALES AD HOK en las voces: algo más marchoso, más pesado en el ritmo, con más cuerpo, algo casi imperceptible a nivel consciente, pero muy presente y que solo viene cuando se ha recorrido lo suficiente para ver las cosas en perspectiva. No es baladí mencionar aquello, puesto que precisamente ese es otro elemento recurrente en el trabajo: la sensación de ya no estar descubriendo el mundo para comérselo y bajarlo con cerveza y peleas callejeras. Se trata ahora de una visión mucho más reposada, más adulta, tal vez algo más cínica, pero es que aquel es el efecto que las cicatrices y lo vivido van dejando en las personas. 

       En el campo de las temáticas y las letras, estas sí siguen algo más aferradas a una tradición clásica del género: como ya se mencionó, hay un alto compromiso político en las mismas, destacando una crítica a las religiones y su influjo en el hombre, “Cual Dios”, la vida en las calles y el costo que aquello implica, “Ahora callejeros”, y, declamaciones de insurrección tanto local como en el continente, “El señor de la muerte”. Se aprecia un avance significativo en la creación de los versos, igualmente mordaces aunque ahora mejor construidos, mejor disparados y por tanto, más efectivos, lo que solo potencia la idea fuerza que proyecta la placa, de manera consciente o no, que se había señalado anteriormente: se trata de un disco hecho por gente ya madura, o al menos con la sabiduría que dan los golpes recibidos. Tal vez debido a lo anterior es que en “Jauría”, la mejor canción del disco, se puede ver todo lo ya reseñado amalgamado en una sola y brillante pieza: un ritmo potente, versos igualmente poéticos como incendiarios, una base instrumental impecable y, hacia el final, un sample con la voz de Malcolm X que aparece de la nada, mutando el ritmo de la canción a una base rítmica y sonora que suena al más callejero rap, creando un momento que empequeñece el corazón y emociona. Una auténtica joya,

       El transcurso del tiempo en una banda, al igual que en las personas, puede tener múltiples efectos. Se puede tener un espíritu más bien precavido y mantenerse siempre en la zona de confort para nunca correr riesgos innecesarios, a tal punto de llegar a considerar los riesgos como innecesarios. También se puede ser un espíritu libre e ir por la vida cambiando casi a diario producto de las experiencias, impredecibles y en todo sentido, llegando al punto de no estar en condiciones de recordar cómo se fue alguna vez. Y está la opción de mantener las convicciones, mostrar las credenciales, confiar en el bagaje de los años, patear la mesa y hacer lo que hizo CURASBÚN: un disco sólido, redondo, compacto y sin mayores puntos bajos, aunque pasando por encima de lo que tuvieran que decir fans, sellos, críticos y todos aquellos inquisidores hijos del posmodernismo y las redes sociales. Por lo mismo, el nombre del disco no pudo haber sido mejor elegido: no cualquiera hace la pirueta y cae de pie.




miércoles, 18 de mayo de 2016

Punkora - Contra el suelo (2015)

     Una de las cosas que define la condición de un artista, sea en el ámbito que sea, es su capacidad de reinventarse y de proponer y ofrecer cosas distintas en vez de seguir exprimiendo la fórmula que inicialmente puede haberle resultado exitosa. Naturalmente, ese camino, aparte de ser más difícil, presenta riesgos que es necesario asumir y frente a los cuales nada puede hacerse. Puede que el cambio no guste al público o la crítica y ante eso se está expuesto sin más. Salir constantemente de la zona de confort y hacer lo que la pulsión autoral mande es lo que define el irreprimible instinto creativo de un artista. Y en PUNKORA eso está, estará siempre y no hay nada que los miembros de la banda puedan hacer al respecto. Se les nota.

     Luego de cuatro años desde su último disco (“LA MENTIRA”, 2011), y algunos problemas con la internación de las copias en vinilo, finalmente aparece “CONTRA EL SUELO”, disco que se presenta como la continuación en la ostensible maduración del sonido de la banda experimentado en la placa anterior. Y es que luego de más de quince años de trayectoria y ya varios discos bajo el brazo, PUNKORA es un nombre que hace ya algunos años se erige como potencial posta de los grandes nombres de la escena local y con este disco viene a confirmar sus credenciales. Sin embargo, como se decía, lo que define el verdadero proceso de hacer arte es siempre reinventar y actuar de acuerdo al impulso creador, definido por las muchas cosas que inciden en el ánimo y la existencia de una persona, en vez de quedarse siempre en la fórmula exitosa. “LA MENTIRA”, una joya de disco, era la fórmula exitosa. Y la banda no la reproduce. Por lo mismo, “CONTRA EL SUELO” es un disco diferente.

     En menos de media hora, la banda hace una suerte de paneo de todo su registro sonoro en términos de bases rítmicas y juegos de guitarra, y de ahí emanan canciones que suenan al PUNKORA de “LA MENTIRA” y se muestran como más convencionales. En ese grupo caben “Tus pesadillas”, canción que abre el disco, “Primero de Mayo”, en que las convicciones políticas de la banda quedan plasmadas de manera clara, “Normal” o “Será el mundo”. Ahí puede verse la esencia de lo que ha mostrado la banda como su sonido característico, tal vez incluso mejorado tanto en la calidad interpretativa como en la producción del disco mismo, mejoras propias y naturales del paso del tiempo. Sin embargo, hay otras piezas como “La Trampa”, “Sin camino” o “Nada”, con una brillante participación de Kamion de FALTAN MONEYS, que si bien suenan en clave de punk rock, aportan con pequeñas variaciones, sutilezas incluso, que aportan en oscuridad, en suciedad, en un halo muy sutil que viene a enturbiar las cosas. Y no es que sea algo negativo, es solo que “LA MENTIRA” es un disco pulcro y parejo, redondo de principio a fin, lo que podría interpretarse tanto como un trabajo compacto, pero del que, por ejemplo, podría decirse que carece de matices. Misma cosa, pero a la inversa, ocurre con “CONTRA EL SUELO”: algunos podrían indicar que hay una suerte de dispersión, por distintos factores, que le quita solidez al disco, que esas variaciones y aditivos funcionan como elementos disociadores más que otra cosa, pero también podría decirse que es una nueva vuelta de tuerca en el sonido de la banda, más complejo, más oscuro y con una visión todavía más pesimista de las cosas, que, considerando cómo está actualmente el mundo, no habría de sorprender a nadie. Finalmente, es un asunto de opinión y gustos, pero lo que queda claro es que la banda optó por no repetir la fórmula exitosa de su placa anterior y buscó algo distinto. Y al igual que en “LA MENTIRA”, en este trabajo hay una canción que se desmarca de las demás por lo memorable de su factura. “El último salto” está inspirada en la historia real de dos personas que, en el ocaso de sus vidas, y agobiados por las deudas con aquellos que tienen todo pero para quienes nunca es suficiente, decidieron subir a la azotea del edificio en que vivían y saltar largándose de la vida. La temática, que no podría ser más contingente, sumado a un tempo contenido y machacante, van fundiéndose y creciendo a medida que la historia se desenvuelve y la rabia se hace presente. Finalmente, en el tercio final, y bajo los versos del mantra insultante y horroroso de los tiempos que corren, “los asesinatos del sistema, los que no le importan a nadie”, repetidos solo sobre la línea de bajo y la batería, la canción aumenta en potencia y furia hasta concluir en su clímax. Sin lugar a dudas, un himno para la generación que vive y sufre la crisis del capitalismo y uno de los más altos momentos del disco.

     “CONTRA EL SUELO” es un disco distinto. No solo a “LA MENTIRA” sino a todo lo que PUNKORA ha hecho antes. Ya nada queda de esa banda de muchachos desenfadados que hacían ruido con canciones pegajosas y algo insolentes. Hoy estamos ante el trabajo de cuatro tipos hechos y derechos, plantados en la vida, con mucha menos fe, menos optimismo, más cicatrices en el cuerpo, aunque con unas convicciones intactas y las cosas todavía más claras. Por lo mismo, a estas alturas, no están para hacer nada más que lo que les salga del corazón al momento de hacer música. “CONTRA EL SUELO” puede agradar más o menos que “LA MENTIRA”, como se señalaba antes, es cosa de opinión y gustos, pero siempre se agradece que los artistas se sigan reinventando porque esa es la principal forma de rebelión y renovación: aquella que se hace sobre uno mismo.

miércoles, 6 de enero de 2016

Punkora – La Mentira (2011)

       Cuando se habla de música de nicho, un tema recurrente son los grandes nombre, esas bandas que suelen ser los números fuertes de las tocatas, aquellas que llevan más años haciendo música, que incluso han conseguido reconocimiento fuera de su respectiva escena y que son a los que se suele echar mano para definir tal o cual estilo musical. En el caso del punk rock, aquello no deja de ser así y los nombres no son un misterio para nadie. Sin embargo, tampoco es misterio que se trata de bandas que llevan ya cerca de veinte o más años de circo, y si bien por fortuna gozan todas de buena salud y no dan indicios de retirada, al momento de hablar de recambio suele hacerse un incómodo silencio. Sin embargo, existe un cúmulo de músicos, no muy numeroso pero presente, que se desmarca del resto de sus congéneres por su calidad y constancia, que también acumulan cierto kilometraje y que pueden ser considerados como candidatos a tomar la posta cuando llegue el momento. Dentro de este grupo, PUNKORA es un nombre que suena fuerte.

       Con ya más de quince años de existencia y varios discos bajo el brazo, PUNKORA ha evolucionando desde ser una banda de corte más lúdico y rudimentario, iniciando la transición con el disco “VAMOS CONCHETUMADRE” (2008) al sonido que ostenta actualmente: punk rock serio, bien ejecutado, lleno de matices, con una profundidad lírica que se aprecia en los cortes promocionales de su más reciente material “CONTRA EL SUELO” (2015). Sin embargo, ese proceso termina de decantar en este disco, un paso decisivo en la carrera de la agrupación, pues es aquí, en “LA MENTIRA” (2011), donde terminan de definir la banda que son actualmente, ostentadora de ese sonido tan propio que puede percibirse hoy en día. Probablemente en el futuro PUNKORA registre muchos otros discos, incluso mejores que este, pero es en este punto donde su propuesta despega de manera adulta, plena y absoluta.

       En apenas veinticuatro minutos “LA MENTIRA” consigue erigirse como un trabajo potente, sólido, macizo, bien pensado, apropiadamente grabado y que se ofrece como un producto de calidad altísima no solo para los estándares de la escena local sino que en términos generales. Los fuegos abren con “Bailando con la fea”, una canción que plasma de manera clara lo que marca el patrón del sonido del disco y de la banda en la actualidad: coloridos juegos de guitarras, un interesante trabajo en los quiebres de batería, celeridad, potencia y la voz cantante, característica y muy carismática, que va disparando los versos como si estuviese declamando ante una multitud. A esta canción le siguen grandes piezas que se han transformado rápidamente en clásicos que la gente corea en las tocatas como “Chica Ramonera”, “Música de Mierda” y la preciosa “Buenos Momentos”. Sin embargo, el disco tiene dos grandes puntos altos que son prueba de lo que ha conseguido la banda en todos estos años. El primero es “Es Mentira”, una brevísima y acelerada canción con pasta de corte promocional que dispara sin pelos en la lengua que todo lo que nos rodea es mentira, que todo es falso, que lo que vemos no es como lo vemos y lo hace de una manera tan brillante que cuesta quedarse impávido. Las guitarras parece son un huracán sónico, la batería invita a hacer air drumming en todo momento y el tema no deja de ir creciendo hasta su mismísima conclusión. Un ejemplo de cátedra de buen punk rock. Sin embargo, gana por una nariz la canción que cierra el disco. “Poder y Control” es un tema atípico para una banda punk. De esos que muchos dirían que no serían capaces de crear. Es una pieza lenta, oscura y que denota rabia contenida, esa que se filtra a las letras que hablan de que “el ser humano es ingobernable por naturaleza”, que “el control no nace de la violencia” y que “no odiamos el sistema porque nos guste odiar, lo odiamos porque nos obliga a ser todo lo que no queremos ser”. Una verdadera joya que cierra la placa a modo de declaración de principios, dura, desafiante, lista a dar la pelea, como manda en este género musical.

       Fiskales Ad Hok, BBS Paranoicos, Los Miserables, Los Peores de Chile, Machuca, por nombrar algunas, son bandas, y músicos, muy queridos en la escena, pero hay que asumir que en algún momento van a decidir dar un paso al lado. Y es legítimo. No se les puede obligar a tocar para siempre solo porque guste mucho su música y no haya nombres que puedan tomar el sitio. Pues si se ha de comenzar a buscar gente para el puesto, sin duda que PUNKORA, luego de haber editado este disco y haber conseguido llegar a tal nivel de calidad, suena con fuerza como una opción más que válida. Las credenciales las tienen de sobra, tienen el suficiente bagaje y, sobre todo, es gente que se nota que cree en lo que hace. Y eso tiene su respuesta por parte del público. Es cosa de verlos en una tocata cualquiera. Esa es la mejor carta de presentación que tienen para el puesto.

domingo, 27 de diciembre de 2015

A Sangre Fría - Si aún puedes respirar (2015)

       No es infrecuente que en las artes, y en todos los aspectos de la vida, aparezcan productos que son universalmente considerados como de dudosa calidad, pero que consiguen éxito masivo, incluso a nivel mundial, y que producen los igualmente no infrecuentes cuestionamientos de por qué pasó algo así. Usualmente su destino es ser rápidamente devorados por el olvido de este mundo actual regido por la inmediatez, salvo algunas excepciones que se escapan de la regla solo para confirmarla. Pero paralelamente a eso, también se da el caso diametralmente inverso: gente que realiza un trabajo de gran calidad, pero que por distintos motivos, a veces incluso decisiones personales de que así sea, no consiguen llegar a públicos masivos, a grandes audiencias y dejan la sensación de que no existe una correlación apropiada entre el buen trabajo y la respuesta al mismo. Uno de esos casos podría ser A SANGRE FRÍA, que con una trayectoria que comienza por el año 2002, y con ya dos discos editados de manera independiente antes de la aparición del presente material, se muestran como una banda con un sonido depurado, claro y ya definido, con una impronta distintiva más que presente en su obra y que dan la sensación de que su material debiese tener un público más masivo del que pueda tener actualmente. Luego de la escucha de su más reciente material, aquella sensación solo se intensifica.

       “SI AÚN PUEDES RESPIRAR” es el tercer disco de la banda y a estas alturas se nota que nadie está improvisando, que se sabe bien lo que se está haciendo y que el sonido buscado es el que finalmente se consigue en la mezcla final. En nueve canciones, el disco fluye acelerado, colorido y pulcro en la ejecución, tal y como se puede ver en sus dos discos anteriores, “”DISPAROS” (2008) y “DONDE HABITA EL OLVIDO” (2011), pero llevando la fórmula a un estado todavía superior. Porque decir que A SANGRE FRÍA hace punk rock sería ser injusto y simplificar demasiado lo que ofrece en su sonido. Así, en el material, se permean las influencias de los músicos que van, en efecto, desde el punk rock más clásico, pero también recogiendo al de otros géneros llegando incluso a percibirse ciertas trazas de metal o rock más clásico. Sin embargo, ahí está una de los grandes aciertos del disco: suena a A SANGRE FRÍA, con los elementos ya reconocibles de la banda y que venían cimentando en los trabajos anteriores. El recurrente uso del pedal de ataque en la guitarra, las estructuras de acordes, ciertos juegos vocales y la apropiadísima voz principal son marcas registradas que se aplican en cada uno de los tracks haciendo que suenen de una manera reconocible y, lo mejor, en donde cada canción parece ser un universo independiente, con ansias de transcendencia y vocación de himno. En algunos casos resulta mejor que en otros, pero la idea está.

       El disco abre con la potente “Dónde está?” que marca la pauta sobre cómo fluirá todo el ejercicio. Con una potente base rítmica de batería y bajo sobre la cual los juegos de guitarras construyen la línea melódica que terminan de coronar las voces, con letras que hablan sobre lo existencial y el amor, pero sin dejar fuera sentimientos como la rabia y la rebeldía, que son los grandes acercamientos que tiene la banda con el punk. Otros puntos altos los constituyen la brillante “Con reproches” que avanza como un compacto bloque sonoro que aplasta lo que se le cruce, “Próxima estación” que aporta cierta cuota de dramatismo, necesario por cierto, “Desapareces”, una de las canciones en donde mejor se aprecia el sonido propio de la banda, y “En mi ataúd” que con una letra que se mueve entre el desencanto y la resiliencia, aporta con quiebres y matices en canciones que suelen avanzar todas en un tempo más o menos parejo. En menos de media hora, “SI AÚN PUEDES RESPIRAR” se oye fluido y bien pensado, con un apropiado orden en las canciones y parejo en todo sentido, siendo tal vez uno de los pocos defectos del material, solo por hacer el ejercicio de buscárselos, la manera en que suena la caja de la batería, aunque eso podría ser hilar demasiado fino y, además, es más un tema propio de la mezcla y post producción y en caso alguno obedece a un defecto compositivo o interpretativo de los músicos.

       A SANGRE FRÍA sigue firme en sus convicciones respecto a cómo quieren los músicos integrantes que suenen sus canciones. Siguen operando bajo la misma ecuación y eso hace que su sonido pueda identificarse, sobre todo si se hace el ejercicio de retrospección hacia sus anteriores trabajos, pero tampoco se han quedado solo en eso y han ido puliendo y mejorando aquello que ya hacían bien para entregar el que hasta ahora es su mejor material. Si la tendencia se mantiene, los siguientes trabajos que la banda pueda registrar se erigen solo como auspiciosos augurios de una agrupación que debiese tener una acogida mucho mayor de la que hasta el momento ha tenido. Naturalmente, no forzando al público a escuchar cierta música sólo porque es chilena mediante leyes que fuerzan la programación radial, pero sí invitando a fijarse en trabajos como estos. Si de algo sirve la presente reseña y genera interés, la invitación está hecha.

Perfil de bandcamp de la banda



martes, 22 de diciembre de 2015

Paranoia - Plansantiago (2015)

     PARAONIA es un nombre de cierto peso específico dentro de la escena punk rock chilena que remonta sus sonidos a la primera mitad de la década del dos mil. Su sonido acelerado, ramonesco aunque con ciertas vetas melódicas, sus interesantes juegos de guitarra y unas armonías vocales características hacen que posea una especie de marca distintiva que les ha hecho acreedores del mencionado renombre en los círculos under y que por tanto vuelve aún más interesante el hecho de recibir un nuevo material de la banda. Sobre todo porque PARANOIA no es una banda de la que resulte fácil encontrar material, incluso en el océano de contenidos que desde hace ya varios años se ha transformado internet. Basta con realizar un par de búsquedas y las respuestas que se pueden encontrar serán muchos links de descarga rotos y escasas referencias a tocatas de hace ya varios años atrás. Por eso, recibir algo nuevo de PARANOIA es algo, en particular, atractivo.

     “PLANSANTIAGO” es el nombre del breve material compuesto de cuatro canciones más un track final de un registro en directo que, desde la sola mención a su título ya deja entrever un poco las características de las canciones y los conceptos tras las mismas. Porque se trata de piezas breves, potentes, directas y con temáticas sencillas y cotidianas, pero no por eso menos relevantes. O terribles. Porque lo primero que cabe comentar sobre la placa es su primera pista, la que da el título al material. “Plansantiago” es una canción con una temática que inicialmente se muestra como evidente, el desastroso sistema de transporte público de Santiago de Chile, pero que luego comienza a evolucionar y a abarcar más temas y hacerse más amplio en su alcance hasta llegar a hacerse preguntar al protagonista de la sufrida letra qué de todo lo terrible que sucede actualmente es lo que le genera “ganas de matar”. La obra es un ataque directo a la clase política, representada en particular por la figura de la actual presidenta, algunos de sus ministros e incluso su hijo que fue protagonista de un bullado escándalo aun no aclarado y que todavía tiene repercusiones, pero a la vez es una declaración de principios del ciudadano de a pie que ve con frustración cómo la vida se le va, nada puede hacer para evitarlo y los responsables los tiene bien identificados, pero se ven lejanos e impunes, todo con el “Chile, la alegría ya viene” que todo el mundo conoce bien, como un deformado telón de fondo. Una joya.

     Las demás canciones del material, “Como quiero”, “Deicidio” y “Maestría”, siguen más o menos el hilo de la canción principal, no desentonan en el estilo mismo de PARANOIA ni tampoco son en realidad un bajón de calidad con respecto a cómo inicia la placa. Sin embargo, este es tal vez el principal punto flaco del disco: no queda claro si es un Extended Play (EP), un single con más material de soporte que el de costumbre o un mero adelanto de canciones sin una ilación concreta. Porque luego que transcurren las cuatro pistas, aparece la quinta canción con el registro en directo y la orientación en la que iba el trabajo, de haber existido, se pierde. No es que sea un mal registro, la calidad es aceptable y como tal funciona, pero no se comprende la decisión de incluirlo, mucho menos luego de las primeras cuatro canciones de estudio que sonaban más que prometedoras. Puede haber habido, tal vez, cierto apresuramiento a mostrar material nuevo y no esperar a registrar el suficiente como para poder hablar de un disco propiamente tal, o la idea puede haber sido mostrar lo que se tenía a mano y esto era todo lo que había. Al momento de estarse escribiendo esta reseña no se cuenta con dicha información y solo se puede dar una opinión luego de su escucha: material que iba bien encaminado, pero a medio camino, nunca mejor dicho, quedó truncado y dejando cierta sensación de confusión sobre lo que se quiso hacer.

     Sin embargo, más allá de lo anteriormente expuesto, y tal vez sería bueno conocer qué tiene que decir la banda al respecto, PARANOIA sigue sonando a lo que tiene acostumbrado: canciones simples, rápidas, pegajosas, pero que tienen la capacidad de brillar e incluso trascender, siendo las mejores evidencias de una banda con un sonido propio, con una confianza suficientemente afianzada para mantenerlo en el tiempo y para dejar entrever que la evidente influencia de la escena argentina de los noventas se percibe, pero la banda solo bebe de ella y no se limita a replicarla. En cambio, aporta de lo suyo y reinventa los presupuestos para ponerlos a su favor. Es en eso donde radica la presencia de una banda hecha y derecha, madura y que está para seguir mostrando grandes cosas.